Cuando estaba niña asistíamos con mamá a un grupo en el que se compartía La Palabra de Dios. Unas semanas antes del mes de diciembre nos empezábamos a preparar para ir cantando casa por casa villancicos y recogiendo víveres para luego en la fiesta navideña entregarlo a los necesitados, los cuales ya habían sido empadronados con anticipación. Que bello era ese tiempo!
Una de las canciones que hasta ahora recuerdo es esta:
Amar es entregarse, olvidándose de sí, buscando lo que al otro, puede hacer feliz.
Qué lindo es vivir, para amar
Qué grande es tener, para dar.
Dar alegría y felicidad, darse uno mismo eso es amar.
Esta letra describe exactamente lo que Jesús hizo, se entregó y se olvidó de sí mismo para darnos vida. Nos amó.
¿Y nosotros cómo lo amamos, cómo nos entregamos? La mejor forma sería a su manera, y Él nos la enseña:
Entonces el Rey dirá a los que estén a su derecha: “Vengan, ustedes, que son benditos de mi Padre, hereden el reino preparado para ustedes desde la creación del mundo. Pues tuve hambre, y me alimentaron. Tuve sed, y me dieron de beber. Fui extranjero, y me invitaron a su hogar. Estuve desnudo, y me dieron ropa. Estuve enfermo, y me cuidaron. Estuve en prisión, y me visitaron”.»Entonces esas personas justas responderán: “Señor, ¿en qué momento te vimos con hambre y te alimentamos, o con sed y te dimos algo de beber, o te vimos como extranjero y te brindamos hospitalidad, o te vimos desnudo y te dimos ropa, o te vimos enfermo o en prisión, y te visitamos?”.»Y el Rey dirá: “Les digo la verdad, cuando hicieron alguna de estas cosas al más insignificante de éstos, mis hermanos, ¡me lo hicieron a mí!”.
¿Entonces, que esperamos para amar de verdad?
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